Delirio nocturno

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Las cosas son magníficas si se tiene la disposición a la magnificencia. Son hermosas, si al verlas esta nuestro espíritu dispuesto a la hermosura. Por el contrario si se lleva dentro la esencia de los seres trágicos predomina la indisposición a todo estímulo visual o al tacto. Para los que ya han como yo, probado toda ilusión y comprobado su amargo espejismo. Para los que ya han leído los libros de jóvenes poetas libertinos y los oscuros libros de los mártires de lo oculto, no queda más que continuar su camino. No es sorprendente que se refleje esta tristeza en mi rostro, ahora bien, esto no es tristeza, nunca me he sentido triste, porque nunca la he sentido de la forma que verdaderamente se debe sentir. Sentir es algo vergonzoso para el cuerpo, es algo que todo iniciado en el secreto de ningún secreto se puede permitir. El sentimentalismo es el opio del pueblo, según el mayor exponente del comunismo de la razón. ¿No es esto irrelevante?, ¿no carece esto de alimento? De la verdadera nutrición, de la buena salud que proveen las oraciones contestadas por un dios, la que provee vaciar el alma en silenciosa meditación, o bueno, una última ofrenda para el intelecto: las plantas, las hierbas, los hongos del desierto. Yo me inclino ante los que toman tal decisión. Mi respeto es para los que eligen con devoción. Los que eligen la ciencia y sus métodos. Mi dios son los que creen en un dios, o los que no creen en ninguno. Mi alabanza es para el que ayuna o para el glotón. Mis cantos para las desaparecidas tribus y su ortodoxa configuración. La vida es mi religión. Mi credo es la búsqueda enardecida de la emoción, del fervor de los corazones que jamás sentiré, de la sangre bebida en México que jamás probaré, de las pruebas de fe que jamás enfrentaré. ¡Sigan peregrinos caminando hacia a la Meca de la muerte! hacia el útero de la madre tierra, hacia Mahoma o el peyote o toda forma de aparatosa revelación. Yo no blasfemo, solo busco conocer, impaciente como soy, el cielo o el infierno.

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Arte: Hieronymus Bosch

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Contemplaciones

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Estre las cosas que no logró explicar:

Cuando des-fragmentamos las situaciones cotidianas estas adquieren un tono distinto bajo nuestra idealización de las mismas. Estamos, la mayor parte del tiempo sujetos a una dicotomía de la vida, una parte abstracta y otra concreta. Una parte es la idea romántica que tenemos de ella, la otra es la idea real, lo que ciertamente está sucediendo. Muy pocas veces, estas dos ideas convergen. Pocas veces logramos entrelazar los complejos hilos de nuestros deseos más profundos con los hilos de la vida tal y como se nos presenta al vivirla. Es como si tuviéramos dos almas y por lo tanto fuésemos dos personas distintas, usualmente estas dos personas no llegan a entenderse, en muchas ocasiones una domina a la otra, en cada individuo discrepa el soñador del realista, pero cuando llegan a un acuerdo, cuando las dos partes están satisfechas, es una perfecta y sublime unión. Cuando somos lo que somos adentro mientras estamos afuera. Cuando nos conmueve un momento, tanto como nos conmovió la visión de este. Cuando el placer real es tan grande como en la fantasía, entregarse no parece un lujo para la razón. Vivir para esas pequeñas delicadezas, así me gusta vivir. Lo demás enferma mi mente y drena de vitalidad a mi cuerpo, siento antipatía por todo lo que no es más que un deber impuesto. Desprecio lo que requiere de un comprometedor esfuerzo antinatural, lo que nos despoja de nuestra innata libertad. Por eso es que trato de existir libremente lo más que puedo. En ocasiones miro dos veces y obtengo una clara concepción de las cosas, en otras, miro una vez y solo veo su superflua y majestuosa belleza. Si tengo poca fe es porque no he nacido con ella, pero hay algo en el calor de estas tardes, en la suavidad de las palabras al salir de tu boca y en la luminosidad de tus caricias que me hace sentir que al menos hoy, todo en mi está en perfecta armonía.

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Arte: Bill Carman

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Falsa anarquía

 

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Si dejara de escribir, puesto que hacerlo no parece tener ningún propósito, lograría simplificar mi vida, pero le tengo miedo a la simplicidad. En el fondo sé que nada es tan profundo como parece serlo, lo profundo son las consideraciones que tenemos de las cosas, no las cosas. Sé que las diferentes corrientes filosóficas aún las más elaboradas no responden a los pequeños secretos del cuerpo, como responde un beso. Que toda furia política y todo movimiento social, son intimas variaciones de nuestra vanidad. Toda acción se ejecuta para suplir nuestras necesidades más intrínsecas. Estamos energizados por una implícita sexualidad que al morir se lleva consigo los sueños de grandeza. Es tan efímera nuestra quimera. Mas allá de las apariencias sociales, y de todas las convenciones implantadas en nuestra mente durante siglos, la vida se reduce al deseo de perdurar, al deseo de aferrarnos con todo lo que tenemos y trascender. Sin importar nuestra clase social o nuestra educación, todos soñamos. El espiritualismo ha sido otro medio para lograr el deseado avance o alguna clase de ataraxia, porque siempre la humanidad ve este proceso como una marcha hacia ese objetivo incierto, creemos palpar él cenit de lo que somos a cada instante ¿pero hacia dónde deseamos avanzar? ¿Qué cumbre deseamos Alcanzar? Todo conforma una estética contenida  en nuestras visiones y respondemos a ella sin cuestionarnos. Desde el arte hasta la guerra, queremos dejar una huella movidos por una incontrolable vitalidad. Esto que escribo, no es más que eso. Un agonizante esfuerzo. Mi inútil intento de perpetuarme en el tiempo de una forma que incansablemente busco que refleje alguna clase de belleza, tal vez, esa belleza que no logro encontrar en la realidad.

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Arte: William Blake

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Contemplaciones

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Puedes sentir la gran pasión de ser humano en las canciones, de aferrarnos a existir con este incalculable deseo por seguir sintiendo, por seguir teniendo sensaciones, pues las sensaciones son todo lo que nos queda. Una sed insaciable por estimular los nervios es siempre lo que nos impulsa a la acción. No la fe ni la convicción en nuestra era. Nos duele dejar la vida porque ella es nuestro dios. Me ha tomado tiempo comprenderlo, vivir es adorar a la vida misma en completa perplejidad. Ella es la salvación. Morir es resignarse a no ser amado nunca más, resignarse a no luchar nunca más, a no sufrir nunca más. Aún cuando exista el malestar continuamos devotos a ella. No nos damos por vencidos, somos fieles monjes a la vida. Cantamos místicamente a ella cuando hacemos el amor. Damos la ofrenda máxima de nuestros huesos pulverizados a la tierra eterna. Estamos homogéneamente unidos, somos hermanos de sangre hasta la descomposición. Somos leales creyentes, de lo contrario ya hubiéramos renegado de ella. Predica, predica en el silencio con besos y tibias lágrimas tu dolor, lo entenderé pues también soy parte de esta incomprensible epifanía. Solo quiero ascender un día, a un gran campo de lapidas cubiertas de flores, cerrar los ojos y sentir que el calor del mundo ha terminado para mí. Tengo frío y Despierto. Aunque lo queramos, no, no somos suicidas.

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Arte: William Blake

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contemplaciones

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Recientemente estoy aún más consciente de mi propia mortalidad, y la de quienes me rodean. Aplico crema en las noches para retrasar el envejecimiento de las células. El envejecimiento del corazón no lo puedo evitar. Me creo más sabia pero quién sabe, tal vez un día de estos toda mi irracionalidad explotara. No quiero imponerme hábitos, no quiero estar acomodada aquí en la vida, quiero ser siempre la extraña que observa todo con admiración. Me gustaría tener un jardín y pasar muchas horas viendo a las flores cambiar. Se de lo importante que era descubrir un girasol, una abeja zumbadora o también un caracol y emitía un pequeño gruñido, como un perro pero más bien como un crujido de huesos esclavos que se han fracturado por generaciones. La inocencia de la niñez, de verlo todo con una inmadurez perfecta. Esta mañana respire el aire y este era como la luz. El cielo estaba ligeramente ausente, casi perdido. De repente en mi ojos todo se movía, las hojas de los árboles emiten vibraciones que se sienten como pequeños zambullidos en la piel. Todo es placenteramente fresco como el fuego de una hoguera. Así no pienso más que en el humo de antiguas tribus cuando escribo. Así más bien no pienso pero tengo visiones cosmogónicas. Visitas espontáneas de Urania quien me muestra todo cuanto se fertiliza y se reproduce en el universo. Como todo se atreve a surgir sin ningún permiso dentro y fuera de sí. Quiero examinar detalladamente la composición y geometría de las horas bien gastadas en el éxtasis del ocio y el amor. Solo deseo ser un sibarita con un refinado gusto por lo natural.

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Contemplaciones

Los vivos viven, los muertos mueren. Yo no vivo ni muero porque desconfío, y esta desconfianza es naturalmente lo que soy. No hay para mi futuro ni pasado. Tengo poco interés en revelar lo que fui porque ya no existe, ni hablar de lo que seré porque aún no lo soy. Todo quedó concentrado en una microscópica idea. Una falsificación de lo que en mi mente viví. Me fascina escuchar a otros hablar de sí mismos, construyéndose en palabras con su pasado tan rico, lo comparten como si lo tuvieran en el bolsillo, con sus deseos del futuro que proyectan en sus mentes con perfecta devoción, tienen una admirable capacidad para moldearse hasta casi ser materia palpable. Yo solo dejo a los que se sienten vivos que vivan, no interfiero, pero sirvo como instrumento de sensaciones para aumentar su extraña visión. A los muertos, les impulso a morir. Esto no está escrito ya con ningún escombro de amargura, con ninguna altiva renuncia, está escrito como el ineludible destino que me atrajo. Aunque no tengo fe ni filosofía me deleita saber que otros la tienen y la comunican. Quiero escuchar sobre historia, geografía y también astronomía. Mi tesoro son los sueños de otros y sus deseos de inmortalidad. Contemplare fuego en el que arden las horas en las que seré  mi propia musa. ¡Que tiempos y que pasiones los del mundo! Desde los dioses de todo hemisferio, desde todo amor no correspondido que ha ardido sin piedad. Estoy intoxicada por la vida. Puedo desaparecerme en este instante. No estoy vacía, estoy completamente llena del vacío.

 

 

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Amante

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El lenguaje nos eleva a otra esfera de conocimiento pero también de sufrimiento. Antes de hablar no pensamos mucho, solo existimos. Es cuando aprendemos a decir las cosas que todo adquiere dificultad para ser expresado. Si solo hiciéramos lo que el cuerpo quiere sería más sencillo, pero ¿Quién puede sentir sin pensar en lo que está sintiendo?

Sé que crees que soy buena persona, sé que crees que te amo, en verdad, te odio tanto. Te odio por creer en mis buenas acciones, te odio por creer que por todo lo que te doy y la forma amorosa en te miro te amo. Te odio por sentir que te amo. Esto me molesta profundamente, pero no me molesta en nuestro tiempo. Esto me duele pero me duele en otros segundos alternos en mis células, me duele en la otra vida paralela que llevo. Me duele con mi otra alma o tal vez no tengo ni la mitad de una cuando estoy contigo, tal vez no tenga cerebro y sea solo un alter ego en mi conciencia. Luego en este tiempo, el mío ¿el verdadero?, soy yo, soy la mujer nihilista, soy la que no quiere tener deseos, soy la que no quiere ser penetrada ni en cuerpo ni en pensamiento, la que no disfruta de ser de carne y hueso. Tenía una idea, ser un asexuado fakir de esta ciudad dentro del universo. No me equivoco. No creo que me ha salvado, no quiero ser salvada, ya lo he dicho. Quiero hundirme en el lago de esa inexplicable tristeza aparentemente profunda por su oscuridad pero realmente somera. No soy yo cuando te amo, solo estoy poseída por un espíritu de acalorada naturaleza que te transforma en especie que siente sin cuestionarse por qué se quema. Besos, promesas, flujos, sueños, pelos. Soy una piel entre las pieles, un templo de hormonas junto a otros templos. Unámonos, Cantemos alabanzas a la pureza, a la virtud y a la lujuria. Todo lo que ya han sentido antes los muertos. En nuestros besos, hay flores rellenas de cantos gregorianos y monjes cantando dulces néctares. Pobres madres con embriones que no conocen el advenimiento de la tribulación al ir creciendo. No creo en un más allá, una cúpula de paz o una montaña de consuelo. Conozco la necrofilia del placer: saborear el desenlace de toda pasión que se reproduce sin tregua en cada cuerpo.

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nacer (clásica nostalgia de un año más)

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He oído lo que los oradores han hablado acerca del comienzo y del fin
Pero yo no hablo del comienzo y del fin.

Nunca ha habido otro comienzo que este de ahora,
Ni más juventud que está
Ni más vejes que está;
Y nunca habrá más perfección que la que tenemos,
Ni más cielo
Ni más infierno que este de ahora.

Walt Withman

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Cómo se llega a ser lo que se es

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Ya he perdido el hábito de escribir, todo sutilmente ha cambiado:

¿Te parece que es demasiado o no es suficiente? ¿mucho o muy poco? ¿Pero nunca la medida exacta de ti? Que pena es mayor a tu pena o que alegría es mayor a tu alegría? Ninguna, porque no son tuyas, te son desconocidas. Así es, te pertenece por completo todo a ti. Eres un egoísta, no porque que quieras ser egoísta pero porque existir es ya el mayor egoísmo. El egoísmo de querer sentir algo único, incomparable, algo que jamás se repita en la historia, que jamás se haya escrito. Así que no hay amor más intenso ni vida más sublime que la que te puedas procurar vivir. No te engañes, nunca compartes nada de ti. No hay fragmentos de tu cuerpo que yo pueda consumir bajo las llamas de mi tragico deseo de posesión. Tampoco lograras poseerme a mi. El cielo es ese mismo que has mirado desde que eras un niño y puedes vivir bajo el con la mayor intensidad, o si lo deseas, con la mayor renuncia. El cielo no se moverá, este es perpetuamente igual, inmutable, y por eso, solo el es real. El sol también lo es, pues marca el tiempo, el sol es importante para la tierra y la tierra para el, coexisten, se pertenecen de una forma que no te pertenecerán. Deja atrás los deseos de conquista, eres propiedad de la tierra, respondes a su arqueológica ecuanimidad. Entrégate sin miedo, al fosilisante destino que pulveriza la personalidad. Todo en ti, todo lo falso es verdadero, toda mentira es una verdad, al final, humanamente efímero y natural. Todo será consumado en un suspiro. Tu momento más puro, en un segundo incalculable de la vía láctea esto habrá terminado, o bien, estará a punto de comenzar.

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Ahora me gusta leer a Nietzsche, creo que me estoy haciendo vieja, más sabia y todo eso que verdaderamente no sirve para nada:

  Pues préstese atención a esto: los años de mi vitalidad más baja fueron los años en que dejé de ser pesimista: el instinto de autorrestablecimiento me prohibió una filosofía de la pobreza y del desaliento. ¿Y en qué se reconoce en el fondo la buena constitución? En que un hombre bien constituido hace bien a nuestros sentidos, en que está tallado de una madera que es, a la vez, dura, suave y olorosa. A él le gusta sólo lo que le resulta saludable; su agrado, su placer, cesan cuando se ha rebasado la medida de lo saludable. Adivina remedios curativos contra los daños, saca ventaja de sus contrariedades; lo que no lo mata lo hace más fuerte. Instintivamente forma su síntesis con todo lo que ve, oye, vive: es un principio de selección, rechaza mucho. Se encuentra siempre en su compañía, se relacione con libros, con hombres o con paisajes, él honra al elegir, al admitir, al confiar. Reacciona con lentitud a toda especie de estímulos, con aquella lentitud que una larga cautela y un orgullo querido le han inculcado, examina el estímulo que se acerca, está lejos de salir a su encuentro. No cree ni en la «desgracia» ni en la «culpa», liquida los asuntos pendientes consigo mismo, con los demás, sabe olvidar, es bastante fuerte para que todo tenga que ocurrir de la mejor manera para él. Y bien, yo soy todo lo contrario de un décadent, pues acabo de describirme. 

Ecce Homo 

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Arte: Ulla Jokisalo

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Himno a la belleza

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¿Vienes del cielo profundo o surges del abismo,
Oh,Belleza? Tu mirada infernal y divina,
Vuelca confusamente el beneficio y el crimen,
Y se puede, por eso, compararte con el vino.

Tú contienes en tu mirada el ocaso y la aurora;
Tú esparces perfumes como una tarde tempestuosa;
Tus besos son un filtro y tu boca un ánfora
Que tornan al héroe flojo y al niño valiente.

¿Surges tú del abismo negro o desciendes de los astros?
El Destino encantado sigue tus faldas como un perro;
Tú siembras al azar la alegría y los desastres,
Y gobiernas todo y no respondes de nada,

Tú marchas sobre muertos, Belleza, de los que te burlas;
De tus joyas el Horror no es lo menos encantador,
Y la Muerte, entre tus más caros dijes,
Sobre tu vientre orgulloso danza amorosamente.

El efímero deslumbrado marcha hacia ti, candela,
Crepita, arde y dice: ¡Bendigamos esta antorcha!
El enamorado, jadeante, inclinado sobre su bella
Tiene el aspecto de un moribundo acariciando su tumba.

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa,
¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo!
Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta
De un infinito que amo y jamás he conocido?

De Satán o de Dios ¿qué importa? Ángel o Sirena,
¿Qué importa si, tornas —hada con ojos de terciopelo,
Ritmo, perfume, fulgor ¡oh, mi única reina!—
El universo menos horrible y los instantes menos pesados?

Baudelaire

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