Córporis mystérium

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Realmente, esta afección no es tan difícil de explicar: miro a través del inmenso caleidoscopio planetario y ya no encuentro para mí un lugar, sus colores me producen un inexplicable horror. Sus espejos no reflejan más que una irritante repetición. Me siento tal como pienso se sintió el rey Salomón cuando dijo en sus cantos que no hay nada nuevo bajo el sol. Mis fragmentos pertenecen a un novedoso movimiento que jamás se divulgará: el sensacionalismo de la carencia emocional. Me haría muy bien confirmar que estoy atravesando un rito de iniciación que solo debo soportar un día más, una tortura de averías neurotransmisoras que pronto reparare consumando así mi esperada reintegración social. Sueño con un jubiloso recibimiento, la hija pródiga que ha vuelto a casa después de una gran ausencia en la irrealidad. Es una reivindicación tan verdadera que casi la puedo tocar, la imagino palpable, hecha de un luminoso material digno de ser exhibido. Admito que al caminar por la calles noto la falta de identidad en mi aflicción, cuánto daría porque fuera folclórica. Desearía que mi pesar perteneciera a un pueblo, y así no sería solo mío, y en consecuencia no seria absurdo. Este dolor, por más que lo pide, no puede causar compasión porque no tiene patria a donde retornar, no es reclamado por una nación. Lo que no es sentido colectivamente es como si nunca hubiera sido sentido. Esto es el gran exilio del corazón. Vivir sin coterráneos en la desilusión. Vivir sin raíces que te unan a la tierra y por eso de ella quererse arrancar. Esto es la absoluta ausencia de apetito espiritual, la desnutrición total de la humanidad. Estoy en los huesos, fría y lúcida. Trató de formular hipótesis que puedan ayudarme a desatar el confuso nudo gordiano de este plano existencial, pero no lo pienso cortar. Continuaré, para presenciar el fusilamiento global de lo auténtico. No hay más suelo que saquear. Toda esta fácil accesibilidad a la cultura ha resultado en su propia degradación. No queda costumbre que profanar con las garras hemisféricas de la fascinante globalización ¡Adelante! Hacia la conquista capital, hacia el placer de disolverse en la masa de apropiación cultural. Es el progreso, siempre el dulce y amargo progreso. Nos aguarda un gran festín imperial sin valores ni principios que violen la libertad. Somos orgullosos contemporáneos ungidos de ambigüedad. ¿a donde ha ido la verdadera sabiduría, si alguna vez existió? ¿O el tiempo es testigo de que todo siempre ha sido igual, las mismas pasiones y el mismo final? No hago más que llorar por la esencia del mundo; pues percibo que en alguna era fue bellísima. Lloro porque ha dejado de brillar.

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Arte:Dino Valls 

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Esta entrada fue publicada en Arte y fotografia, Denuncia, depresión, Enfermedad, lo que escribo, Obsesión y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Córporis mystérium

  1. Antinomia dijo:

    A esta coetánea en la desilusión le apasiona tu texto.

    Un abrazo.

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