Confesiones de un pseudo-escritor

 

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Soy un injustificable autómata observando el proceso de oxidación interno de este falso organismo que supuestamente me pertenece. Me tomaría unas verdaderas vacaciones si pudiera intercambiar mis sentidos, si pudiera engranar mis sueños con la realidad. Mantener este confuso esquema de impresiones metafísicas es agotador, y resulta que son solo eso, fallidas impresiones; no se parecen a la agradable sensación de entusiasmo que deja saber que pronto se puede amar o la de tranquilidad al dormir seguro mientras llueve afuera. Creo haber sido raptado de mi al nacer, fui substituido por un ser ilegítimo. Puedo percibirlo, soy un bastardo de mí mismo. En algún lugar mi verdadero yo me espera con todo lo que fui y lo que nunca he sido. Algún día llegaremos a reunirnos. Tarde o temprano se acabará esta abducción mental. Tengo la capacidad de escribir, es mi único deseo, pero no puedo recordar nada, no puedo asociarme a lo de afuera, sentir la fascinación del reconocimiento, como un niño cuando lo ve todo nuevo. Estoy programado con un tipo de amnesia sensorial que me hace olvidar lo que he presenciado y aún peor, todo lo que alguna vez me liberó de esta oscura y mecánica condición. Mi función neurológica es solo una construcción vacía que al ingresar me provoca frío y adormecimiento, ya no quiero pensar que pienso. Vivo agobiado por una somatización desde el nacimiento. Un síndrome de lavado cerebral intenso. Un trance fisiológico de desprecio. No sé que me estimula porque para cada estímulo tengo una especulación. La belleza, a mí visualización le da igual. Por más ardiente que sea una ilusión, en mi no se llega a engendrar. Mi alma es un mar sin oleaje, ninguna ola revienta en sus costas. Si en ella se llegara a navegar sería de una forma impasible y monótona, como yo mismo navego en ella en medio de tediosas tinieblas pero sin vientos, ¿cuándo llegará la esperada tempestad?
Otros parecen vivir sus tormentas con toda seriedad, les envidio, envidio todo lo que hay de incuestionable en su existencia ya sea en su abatimiento o felicidad, mientras que yo no sé si existo o solo soy una sombra difusa e irreal. Me han dicho que la causa de mi mal es creerme superior a la naturaleza, ¿será esa una posibilidad? ¿Me hará falta humildad para aceptar mi lugar? Pero ¿como? Si estoy aburrido y melancólico. No me creo superior a lo que ofrece el régimen social, no soy parte de una casta de revelaciones avanzadas o al menos, de un alto rendimiento intelectual. Solo estoy débil, transmito esta debilidad y este cansancio con palabras porque no conozco un sueño reparador. Deambulo cual sonámbulo psíquico mostrando este sistema con gravedad en su alteración. Lo único que me convendría, siendo incapaz de apurar el final, es un completo ascetismo urbano, de ninguna forma espiritual. Alejarme para no herir a los pocos que aún me creen en la convalecencia hacia la decencia humana. Anhelo despojarme de este traje de tejidos celulares pero sé que otro traje tendré que vestir, quiero cambiar esta posición pero sé que otra posición tendré que asumir, y esa indiscutible verdad es la que me hace sufrir. ¿Será que solo soy un arrogante con ínfulas de literato creyéndome más elevado a la ley que me sujeta?, ¿será que hay en mí una rebeldía incoherente que no me llevará a ningún lugar? O mejor aún, ¿adónde llego con todas estas consideraciones?
Para poder escribir (realmente escribir) tendría que nacer de nuevo. Solo si me abriera a la tierra de una manera distinta a la que ya lo he hecho. Sería necesario renunciar a lo inescrutable del pensamiento. Para poder escribir acerca de sentimientos, deberia empezar a sentir primero. ¿Cómo puedo escribir acerca de este mundo si jamás me ha interesado?, ¿cómo puedo tocar corazones si no tengo corazón? Quisiera escribir palabras nobles pero no sé nada de nobleza. Solo sé escribir extractos incorregibles, fragmentos de un mal pensador, y esto a su vez es lo que me perturba, no poder decir más, no poder ser poético o crear una historia llena de genialidad. Me estremezco por la falta de estructura textual. Es un odioso proceso esto de creerse escritor siéndo una estrambótica máquina orgánica más.

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Arte: Jackson Pollock

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