Lo que Kundera va mostrandome en La inmortalidad



Esta publicación será editada conforme siga leyendo la inmortalidad otro libro más del que se esta convirtiendo en uno de mis nuevos favoritos, Milan Kundera. Por el momento algunas frases que me han gustado, como ya es costumbre:

Arte: Geoffrey Harrison

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Pero después llega un momento en el que estas frente al espejo y te preguntas ¿ese soy yo? ¿Y porque? ¿por qué me he solidarizado con esto? ¿Y a mi que me importa este rostro? Y ese momento todo empieza a hundirse.

¿Que es lo que empieza a hundirse?

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si colocas juntas dos fotografías de dos rostros distintos, salta a la vista todo lo que diferencia a uno de otro. Pero cuando tienes juntos muchos rostros, de pronto comprendes que todo no es mas que un rostro en muchas variantes y que jamás existió individuo alguno.

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Y volvió a tener esa curiosa y fuerte sensación que se apoderaba de ella cada vez con mayor frecuencia: no tiene nada en común con esos seres de dos piernas, con una cabeza sobre el cuello y una boca en la cara.Hacia tiempo se había interesado por su política, por su ciencia, por sus descubrimientos, se consideraba una pequeña parte de su gran aventura, hasta que un buen día nació en ella la sensación de que no formaba parte de ellos.

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la diferencia entre el sino del hombre y la mujer: la mujer pasa mucho mas tiempo discutiendo acerca de sus preocupaciones corporales, no le está permitido olvidarse despreocupadamente de su cuerpo. Todo empieza con la impresión que produce la primera hemorragia, de pronto el cuerpo está allí y te encuentras frente a él como un mecánico al que se le ha ordenado mantener en funcionamiento una pequeña fabrica.

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Agnes recordó que una vez, cuando era niña, se había quedado deslumbrada por la idea de que DIos la veía y la veía ininterrumpidamente. Fue entonces cuando sintió por primera vez el placer, la extraña satisfacción que el hombre siente cuando es visto, contra su voluntad, visto en los momentos de intimidad, cuando es violado por una mirada. La madre, que era creyente, le decía -Dios te ve- y pretendía así enseñarle a no mentir, a no comerse las uñas y a no meterse el dedo en la nariz,pero ocurrió algo diferente: precisamente cuando se dedicaba a hacer algo malo o vergonzoso, Agnes se imaginaba a Dios y le enseñaba lo que estaba haciendo.

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