5 extractos de julio Cortázar y 5 razones para leerle

Julio Cortazar

cortazar

1.       No pregunto por las glorias ni las nieves,
quiero saber dónde se van juntando
las golondrinas muertas.

-pájaros y muerte, como ya sabrán una buena combinación-

 2.       Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

-todo lo sucio y lo corroído rodea el amor-

 3.       Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían, y si esperaban verme.

-me obsesionan los marineros, la renuncia, el mar y su tranquila corrupción-

 4.       Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia
.

-imagina estar lejos de casa, por siempre-

 5.       Mira de qué sustancias vivo,
pero no me tengas lástima, yéndote así
todavía más.

-los cuerpos se alejan o se atraen dependiendo de lo que consuman-

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Una respuesta a 5 extractos de julio Cortázar y 5 razones para leerle

  1. matiaslzalazar dijo:

    1) Pájaros y muerte. ¿Quién más habló sobre eso?, me pregunto. Cito a Miguel Dalmaroni en un libro en el que desarrolla su visión sobre la obra de Juan Gelman: “Dos redes de estrategias literarias: 1) Las normas más estrictas de la lírica en tanto género más o menos codificado (..) los románticos (..) los simbolistas franceses (..) el sujeto o yo-lírico y sus relaciones con la palabra como tema casi exclusivo; el apartamiento de todo contexto no estético y, por tanto, la exclusión de cualquier material discursivo que connote alguna identidad extraliteraria reconocible (..) 2) La transferencia a la poesía de las propiedades de los discursos predominantemente pragmáticos, argumentativos y narrativos (..) La obra de Gelman consiste precisamente en la negación de esas distinciones, en un tipo de mezcla que termina por abolir la posibilidad de retorno a la alienación inicial: el cruce entre poesía pura y poesía social ya no se podrá leer como paradoja..” Pájaros y muerte. Lírica y política. Ofelia y el exilio, en Gelman. La Maga y Nicaragua, en Cortázar.

    2) “De modo que sí, pero, mira, hay cantidad de mujeres que me detestan porque han oído que yo hago todas esas cosas feas a las hembras, ¿entiendes? Pero muchas de ellas no han leído mis libros, sólo el rumor de que yo soy una persona terrible que mutila a las mujeres, las golpea, se orina encima de ellas y todo lo que quieras. Pero porquísimas de ellas han leído mis libros. Si lo hicieran, se darían cuenta de que muchas veces soy yo el que ha sido mutilado o meado encima por las hembras. Así que..” – Fragmento de una entrevista de Fernanda Pivano a Charles Bukowski.

    O también, un pequeño poema objetivista de otro Charles, Reznikoff:

    On Brooklyn Bridge I saw a man drop dead.
    It meant no more than if he were a sparrow.

    Above us rose Manhattan;
    below, the river spread to meet sea and sky.

    3) Los marineros me hacen pensar en El viejo y el mar, de Hemingway: “El viento es nuestro amigo, de todos modos – pensó. Luego añadió -: A veces. Y el gran mar con nuestros amigos y enemigos. Y la cama – pensó -. La cama es mi amiga. La cama y nada más – pensó -. La cama será una gran cosa. No es tan mala en derrota – pensó -. Jamás pensé que fuera tan fácil. ¿Y qué es lo que te ha derrotado, viejo? – pensó”.

    4) ¿No estabas en medio del mar?

    5) El final de un cuento de Raymond Carver, que se llama “Conservación”:

    “—Siéntate —dijo, dándole un plato en el que yacían los restos de una chuleta de cerdo—. Quiero que te lo comas.

    Él cogió el plato. Pero se quedó allí de pie, mirándolo. Entonces, ella se volvió para coger el suyo. Retiró el periódico y colocó los alimentos descongelados en el otro extremo de la mesa.

    —Siéntate —repitió a su marido.

    El se pasó el plato de una mano a la otra. Pero permaneció en pie. Fue entonces cuando ella vio los charquitos de agua sobre la mesa. También lo oyó. Caía agua de la mesa al suelo de linóleo.

    Bajó la cabeza y vio los píes descalzos de su marido. Miró aquellos pies junto a una charco de agua. Sabía que en la vida volvería a ver algo tan raro. Pero no sabía qué hacer. Pensó que lo mejor sería pintarse un poco los labios, coger el abrigo y marcharse a la subasta. Pero no podía apartar la vista de los pies de su marido. Dejó el plato en la mesa y se quedó mirando hasta que los pies salieron de la cocina y volvieron al cuarto de estar.”

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