Sin drogas…

pociag

[…]

No conseguiste engañarme. Te reconocí enseguida.

El árbol y la piedra resplandecían, sin sombras.

Mis dedos se alargaron, translúcidos como el cristal.

Empecé a brotar como una rama en marzo:

Un brazo y una pierna, un brazo, una pierna.

Y así ascendí, de piedra a nube.

Ahora parezco una suerte de dios

Flotando en el aire, con mi ropaje de alma

Pura como una lámina de hielo. Y eso es un don.

(Sylvia Plath)

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