Rebelión en la granja

Breve ensayo: Rebelión en la granja

Una opinión más amplia sobre tan magistral ilustración de una verdad contemporánea:
El poder es un delicioso elíxir, una facultad que a lo largo de la historia muchos han anhelado para la realización de los ideales más nobles. Por otra parte, la realidad ha demostrado durante siglos que personajes inescrupulosos sucumben fácilmente a los más bajos intereses frente a tal autoridad. Desde el inmortalizado César hasta el repudiado Stalin, la historia ha registrado múltiples ejemplos de hombres que han demostrado cuán negativa resulta la concentración de poder y su uso para satisfacer fines particulares, pisoteando derechos universales y marcando con sangre capítulos de naciones enteras.
Luego de cuatro horas y de culminar satisfactoriamente una obra que me atrapó de principio a fin, mis pensamientos se mantuvieron inmersos en aquella crítica socio-política, enlazando la fantasía relatada a los ejemplos históricos y sobre todo, situaciones vecinas similares. Orwell concibió una obra que nos ilustra de forma amena y sumamente simbólica el destino de una sociedad (en este caso representada por animales) que luego de una revolución exitosa cae paulatinamente bajo un yugo terrible.
Pareciera que las revoluciones sociales están destinadas a vivir un período oscuro luego de “alcanzar sus fines”, como ocurrió con La Revolución Rusa, en la cual Orwell se basó para la realización de su obra. El proletariado se alzó contra el régimen zarista, anhelando establecer un socialismo campesino. La rebelión logró deshacerse de la monarquía pero luego el pueblo tuvo que enfrentar persecuciones y censuras establecidas por los nuevos “dueños” del Estado. Estos regímenes siguen una fórmula que estaría incompleta sin el temor infundido en la disidencia, tal como lo representa Orwell con los perros. Estos canes tuvieron sus paralelos rusos en el Terror Rojo instituido por la Cheka, una policía al mando de los bolcheviques que tenía el propósito de eliminar a todo el que se opusiera al régimen. La amenaza e intimidación también ha sido un factor clave en otros sistemas opresores como ocurrió en la Alemania nazi, la Italia fascista y, sin ir muy lejos, la Cuba fidelista.
Napoleón, un cerdo cuya inteligencia le permite destacarse y ser el más indicado para el control de la Granja Animal, sigue al pie de la letra una costumbre habitual de los déspotas: Sujetos carismáticos arriban como Mesías encantando a las masas, con discursos prometedores que al momento de materializar resultan desmentidos. Savater, en su libro Política para Amador, lo mencionó: “A la mayoría se le engaña con facilidad, cualquier sofista o demagogo que dice palabras bonitas es más escuchado que la persona razonable que señala defectos o problemas”. La transitoriedad de sus gestiones se ve interrumpida por una toma del poder perpetua, desembocando en la implantación de tiranías, y aquí no puedo resistirme a mencionar la presente situación venezolana, donde cierto individuo es un ejemplo vivo del cerdo arribista.
Pueblos que imploran una mejor gestión que la previa se entregan a continuos ofrecimientos desmedidos e ilusorios, considerando que “lo previo fue peor”, dando alimento a la ignorancia o el fanatismo, cerrándose a la posibilidad de entender la situación de estancamiento que presentan tales regímenes y, finalmente, la desmejora progresiva que resulta peor a la padecida anteriormente. Venezuela protagoniza un “pecado popular” de esta índole en la actualidad, con una nación en su mayoría aferrada a lo que el destacado periodista Andrés Oppenheimer denomina como un “narcisismo-leninismo”. Un pueblo optimista, como los personajes de la fábula simbólica, se encuentra esperanzado en una propuesta “socialista” que dista mucho de resultar benefactora, pero una memoria recurrente de un pasado desfavorable le empuja a sostenerse inútilmente a promesas que la realidad va desechando.
Rebelión en la granja representa de manera sublime una situación que hasta el sol de hoy parece continuar latente: El anhelo de particulares de concentrar bajo su figura la totalidad del poder, el control de las instituciones públicas, la explotación de la propaganda política, la represión y una autoridad cuyos limitantes sean ficticios, logrando así destruir la libertad que por derecho es merecida.

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en George Orwell, Lo de interés hoy. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s